La vida siempre tiene momentos en los que uno queda inmóvil, son pequeños descansos como una escalera, pero en ellos uno hace todo menos estarse quieto, la desesperación y el miedo, cantidad de cosas se acumulan en los rincones de nuestra cabeza mientras esperamos que aparezcan o que seamos capaces de ver el resto de los peldaños… es un tiempo de limpia, de estar dentro de uno mismo y eso siempre asusta. Imaginen… un cuarto pequeño, tan pequeño que solo pueden dan un paso a cada viento; un cuarto sin luz, pues la luz llega cuando comprendemos y miramos el resto de escalera que debemos seguir subiendo. Imaginen, un cuarto lleno de negro con aparentemente sólo yo, ello y super yo dentro; qué pláticas tan más escalofriantes, cuántas verdades, la posibilidad que suda y late, morir, perdernos en ese duelo contra nuestra conciencia; algo así me parece el dia del juicio que algunos proclaman, pues de entender las suficientes cosas sigues tu camino, de no hacerlo, te pierdes, enloqueces, en el mejor de los casos, en uno de los peores puede caer y rodar por entre quien sabe cuántos cuantos, qués y cómos.
miércoles, 17 de septiembre de 2008
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1 comentario:
DIablos... si estuviera en un cuarto con nada más que mis yo... tan intensos y veraces wow qué buen lío seria eso...
Sartre decía que el infierno son los demás y en su obra, así funciona porque denotan los tormentos de uno mismo que son negados... en la obra eran tres personajes.. se me antoja hacer la relación de los tres chismosos (ello, ego y superego) y entonces tengo ese mismo tormento en mi mente, que ahora es un cuarto en donde me veo duplicada... uy qué horror.
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